Hay conceptos financieros que todo empresario usa pero que pocos entienden de verdad. El aval bancario es uno de ellos. Se menciona en contratos, se exige en licitaciones públicas, aparece en los requisitos de los arrendamientos comerciales… y sin embargo, la mayoría de autónomos y pymes llegan a su primera reunión bancaria sin saber exactamente qué es lo que les están pidiendo ni por qué cuesta lo que cuesta.
Esta guía no va a darte una definición de manual. Va a explicarte cómo funciona esto en la práctica, cuándo necesitas uno, cuánto te va a salir y qué alternativas tienes si tu banco te dice que no.
Primero lo primero: ¿qué es realmente un aval bancario?
Un aval bancario es, en esencia, una promesa de pago respaldada por tu banco. Cuando presentas un aval ante un tercero —un arrendador, una administración pública, un cliente— lo que ese tercero recibe es la garantía de que, si tú no cumples tu parte del trato, el banco pagará en tu nombre.
El banco actúa como garante. Tú sigues siendo el deudor. Si el banco tiene que pagar porque tú has incumplido, después vendrá a por ti para recuperar ese dinero. Eso es importante entenderlo desde el principio: el aval no te libra de la deuda, solo garantiza al beneficiario que cobrará.
¿Por qué existe esto? Porque en muchas relaciones comerciales, la otra parte no te conoce lo suficiente como para fiarse únicamente de tu palabra o de tu balance contable. Un banco sí los conoce. Y un banco tiene solvencia demostrada. Por eso, cuando el banco avala, el tercero puede dormir tranquilo.
Los tres tipos de aval que vas a encontrar como empresario
No todos los avales son iguales, y confundirlos puede costarte dinero o hacerte perder una licitación. Estos son los más comunes en el entorno empresarial español:
1. Aval técnico
Se utiliza cuando tienes que demostrar que eres capaz de ejecutar un trabajo o proyecto. Es el aval que te piden cuando concurres a una obra pública, a un concurso de servicios o a cualquier contrato donde lo que se juzga es tu capacidad de hacer algo.
El aval técnico no garantiza un pago de dinero, sino el cumplimiento de una obligación. Si construyes una carretera y luego resulta que la has hecho mal, el aval técnico cubre las penalizaciones o el coste de subsanar los defectos.
Su importe suele ser un porcentaje del contrato total. En licitaciones públicas, lo más habitual en España es el 5% del valor del contrato, según establece la Ley de Contratos del Sector Público.
2. Aval económico o financiero
Aquí sí se garantiza directamente el pago de una cantidad de dinero. Es el que te pide el arrendador de un local comercial (equivalente a varias mensualidades), el que exige Hacienda cuando aplazas el pago de impuestos o el que solicita una empresa extranjera antes de darte crédito comercial.
Es el tipo de aval más común en las relaciones entre empresas privadas.
3. Aval ante la administración pública
Cuando una empresa recibe una subvención o una ayuda pública, la administración normalmente exige un aval que garantice la devolución del dinero si las condiciones de la subvención no se cumplen. Este tipo de aval tiene sus propias particularidades: plazos largos, condiciones específicas y, en muchos casos, importes elevados.
¿En qué situaciones concretas vas a necesitar un aval bancario?
Para que no quede en teoría, aquí van los escenarios reales más frecuentes:
Alquilar un local o nave industrial. El propietario quiere asegurarse de que si dejas de pagar, no perderá meses de renta. Suele pedir entre 2 y 6 mensualidades avaladas.
Participar en licitaciones públicas. Cualquier contrato con una administración pública en España exige la constitución de una garantía provisional (para licitar) y una definitiva (si ganas el contrato). Sin aval, no puedes presentarte.
Aplazar deudas con la Agencia Tributaria. Si debes dinero a Hacienda y solicitas un aplazamiento por encima de ciertos umbrales, te pedirán un aval bancario o seguro de caución que garantice el pago.
Importar mercancía de países extracomunitarios. Las aduanas pueden exigir avales para garantizar el pago de aranceles, especialmente en operaciones de cierto volumen.
Recibir pagos anticipados de clientes. Si un cliente te paga por adelantado antes de que entregues el producto o servicio, es habitual que exija un aval de devolución del anticipo. Así, si no cumples, puede recuperar su dinero.
Concesiones y licencias administrativas. Muchas licencias de actividad, concesiones de espacio público o autorizaciones administrativas exigen avales como garantía del cumplimiento de condiciones.
¿Cuánto cuesta un aval bancario? El desglose real
El coste de un aval bancario tiene varias capas que muchos empresarios no ven hasta que ya firmaron. Veámoslo con claridad:
Comisión de apertura: Un pago único al inicio, que suele estar entre el 0,5% y el 1% del importe avalado.
Comisión de riesgo trimestral o semestral: Es el coste recurrente mientras el aval esté vigente. Oscila habitualmente entre el 0,5% y el 1,5% anual sobre el importe, cobrado en períodos trimestrales o semestrales.
Gastos de estudio: Algunos bancos cobran por analizar tu operación antes de decidir si te avalan. Puede ser una cantidad fija o un porcentaje.
Contra-garantías: Si el banco considera que tu perfil de riesgo es elevado, puede pedirte que deposites el importe del aval en una cuenta bloqueada (lo que convierte el aval en algo muy parecido a un depósito de garantía) o que aportes bienes inmuebles como garantía.
Ejemplo práctico: Un aval de 50.000 euros a 2 años, con una comisión de apertura del 0,75% y una comisión de riesgo del 1% anual, te costaría aproximadamente: 375 euros de apertura + 1.000 euros anuales = 2.375 euros en total durante la vida del aval. No es una fortuna, pero si el banco te exige además inmovilizar ese dinero como contra-garantía, el coste real es mucho mayor porque pierdes liquidez.
Lo que el banco evalúa antes de darte el aval
Aquí es donde muchos empresarios se llevan sorpresas. El banco no concede avales a todo el mundo ni en cualquier circunstancia. Antes de decirte sí o no, va a analizar:
Tu solvencia financiera. Querrá ver tus últimas cuentas anuales, tu facturación, tus deudas actuales y tu historial de pagos. Si estás en el RAI o en ASNEF, lo va a saber.
El objeto del aval. No es lo mismo avalar el alquiler de un local (riesgo bajo, importe moderado) que avalar la ejecución de una obra de 2 millones de euros (riesgo alto, importe elevado).
Tu historial con el banco. Los bancos prefieren avalar a clientes que ya conocen, que tienen domiciliada su actividad con ellos y que tienen un historial limpio.
Las garantías adicionales que puedes ofrecer. Inmuebles libres de cargas, inversiones, avales personales de los socios… todo suma.
Alternativas si el banco te dice que no
Que un banco rechace una solicitud de aval no significa que estés sin opciones. Hay caminos alternativos que muchos empresarios desconocen:
Sociedades de Garantía Recíproca (SGR). Son entidades financieras especializadas en avalar a pymes. La más conocida en España es Avalis, pero hay una en cada comunidad autónoma: Elkargi en el País Vasco, Iberaval en Castilla y León, Avalis de Catalunya… Tienen condiciones más accesibles que la banca tradicional y cuentas específicas para empresas jóvenes o con poca historia crediticia.
Seguro de caución. En muchos casos donde se pide un aval bancario, un seguro de caución es legalmente válido como sustituto. Lo emite una aseguradora en lugar de un banco y, en general, el proceso de obtención es más ágil. Hablaremos de esto en detalle en otro artículo.
CERSA (Compañía Española de Reafianzamiento). Es una entidad pública que reafianza a las SGR, lo que les permite asumir más riesgo. Si una SGR te avala, probablemente CERSA está respaldando parte de esa operación.
El error más caro que cometen las pymes con los avales
Pedir el aval en el último momento.
Parece obvio, pero ocurre constantemente. Una empresa gana una licitación, firma el contrato y entonces descubre que tiene 10 días para presentar el aval definitivo. Va al banco, el banco le dice que necesita 3-4 semanas para el estudio… y la empresa pierde el contrato.
La gestión del aval tiene que empezar antes de presentar la oferta, no después de ganar. Si sabes que vas a concursar a contratos públicos de forma habitual, lo inteligente es tener una línea de avales pre-aprobada con tu banco o con una SGR. Así, cuando llegue la necesidad, solo hay que activarla.
Preguntas frecuentes que todo empresario se hace
¿Un aval bancario afecta a mi CIRBE?
Sí. Los avales aparecen en la Central de Información de Riesgos del Banco de España (CIRBE) como riesgo indirecto. Esto puede afectar a tu capacidad de endeudamiento futuro, así que conviene tenerlo en cuenta si estás planeando pedir financiación próximamente.
¿Puedo cancelar un aval antes de que venza?
Sí, siempre que el beneficiario devuelva el documento original del aval o emita una carta de cancelación. Hasta ese momento, el banco mantiene el riesgo y sigue cobrando las comisiones.
¿El aval tiene fecha de caducidad?
Depende de cómo esté redactado. Puede tener una fecha concreta o ser indefinido hasta su cancelación expresa. Los avales ante administraciones públicas suelen ser indefinidos hasta que la administración los libera, lo que puede tardar meses después de finalizado el contrato.
¿Qué pasa si el beneficiario ejecuta el aval injustamente?
El banco paga igualmente, porque el aval es a primer requerimiento en la mayoría de los casos. Tú tendrás que litigar contra el beneficiario para recuperar ese dinero. Por eso, revisar bien los contratos que generan obligaciones avaladas es fundamental antes de firmar.
Conclusión: el aval como herramienta de crecimiento, no solo de obligación
La mayoría de las empresas ven el aval como un trámite fastidioso y un gasto inevitable. Los empresarios más avanzados lo ven de otra manera: como una herramienta que les abre puertas.
Con una buena línea de avales, puedes licitar a contratos más grandes, alquilar espacios mejores, aplazar impuestos sin paralizar tu caja y recibir pagos anticipados de clientes sin que se pongan nerviosos.
El aval no es el enemigo de tu tesorería. La falta de planificación sobre cuándo y cómo usarlo sí lo es.
¿Necesitas saber cuándo un seguro de caución puede sustituir a un aval bancario? En el siguiente artículo te explicamos las diferencias reales entre ambas figuras y en qué casos cada una te conviene más.

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